¡Sin excusas contra la corrupción! (parte 2)

Por Marco Iván Escotto Arroyo

Como lo comentamos en el número pasado, se presentó en noviembre de 2017 la publicación No Excuses! de la organización social alemana, Alliance for Integrity. Recordarán que la publicación es una guía donde trata las diez excusas utilizadas con más frecuencia por los empleados de las empresas para justificar actos ilícitos, y ofrece argumentos claros y comprensibles contra estas excusas.

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En la primera parte del artículo comentamos sobre las primera cinco excusas:

  1. ¡No sabía que eso era corrupción!
  2. No lo hice por mí, ¡lo hice por mi empresa!
  3. Nadie sale perjudicado, ¡todos ganamos!
  4. Usted no entiende cómo se hacen los negocios aquí…
  5. Si no lo hacemos nosotros, alguien más lo hará.

En este artículo pretendo abordar las siguientes cinco excusas, que son:

  1. Las leyes y sanciones, son injustas.

El mejor pretexto para romper una ley es calificarla como injusta. En aquellos países donde el Estado de Derecho es frágil o está en construcción es común encontrar leyes injustas o mal implementadas, lo que provoca en la sociedad frustración y una sensación de injusticia; esto aplica tanto a la ley, como a la sanción que puede derivar de ella, o incluso al proceso asociado para pagar la multa, mismo que puede ser tedioso, extenso y poco claro. Contexto que es importante resaltar, se presta a extorsiones. Es importante señalar que incumplir las leyes es ilegal sin importar si las consideramos injustas o no; existen riesgos legales, reputacionales y comerciales para las empresas que incumplen la ley. Pero este incumplimiento también genera incentivos para la corrupción, pues pagar para que los servidores públicos encargados de aplicar la ley “se hagan de la vista gorda” hace que la corrupción se incruste más en la sociedad y provoque que esas leyes injustas permanezcan. Finalmente hay que decir que no siempre que percibimos una ley como injusta, necesariamente lo es; es importante entender de dónde surge la ley, que bien es el que tutela y entender el proceso y razón de su existencia.

  1. Se necesitan terceros para hacer el trabajo.

Usualmente este pretexto se da entre empleados cuyas tareas o responsabilidades son llevadas a cabo en entornos desconocidos, complicados o muy especializados. Estos entornos empujan a que los empleados contraten a terceros para obtener, por ejemplo, licencias, permisos y demás autorizaciones necesarias para sus operaciones, pues estos terceros conocen las “costumbres y prácticas locales”, y usualmente han desarrollado también una extensa red de contactos. Las empresas y empleados deben ser honestos consigo mismos para saber si la motivación subyacente para dichas contrataciones no sea la de delegar riesgos de corrupción a un tercero para “no ensuciarse las manos”. Al respecto hay que decir que las empresas son responsables por sus terceros asociados; las empresas están cada vez más obligadas a saber qué están haciendo sus socios comerciales y cómo desempeñan sus negocios. Basta recordar que la Ley General de Responsabilidades Administrativas sanciona el pago de sobornos llevado a cabo por las empresas a través de terceros

  1. No contamos con capacidad suficiente para tener un programa de integridad.

Es común que al interior de cada empresa, dada la restricción de recursos, haya una “competencia interna” por los mismos; en esta competencia usualmente los programas de integridad están en desventaja, pues se pueden ver como una carga burocrática para la operación de la empresa o no se ve el beneficio directo para la misma. Lo primero que hay que decir es que existen muchas consecuencias negativas para una empresa envuelta en un escándalo de corrupción, es mucho menos costoso prevenir que lamentar, los programas de integridad reducen el riesgo de que los empleados realicen actos de corrupción. En el contexto actual las empresas deben demostrar con evidencias que hicieron todo lo posible, desde el punto de vista institucional, para que sus empleados actuaran correctamente, el programa de integridad es un elemento esencial de estas evidencias.

  1. De todos modos, sólo van por las grandes empresas

Esta excusa es peligrosamente común en las pequeñas y medianas empresas, si el riesgo de ser descubierto se percibe como bajo, ¿para qué invertir tiempo y recursos en un programa de integridad? Sin embargo, hay que recordar que la corrupción es ilegal, independientemente del tamaño de la empresa y dónde se encuentre. Si piensas que por ser una PYME los actos de corrupción no “afectan tanto”, déjame decirte que no es así; todo acto por pequeño que sea tiene su impacto en el todo de la sociedad, para bien y para mal. Es cada vez más común que las PYMES sean el centro de atención de las políticas anticorrupción por su impacto en el entorno donde operan. Pensar que las políticas anticorrupción sólo serán enfocadas a las grandes empresas es ingenuo y una estrategia empresarial poco eficiente.

  1. ¡No sé cómo reaccionar ante la corrupción!

Esta excusa es engañosa, si los empleados de una empresa la ocupan es una buena señal, pues indica que los integrantes de la empresa entienden qué es la corrupción, están interesados en combatirla y se sienten suficientemente seguros como para debatir cómo lograrlo. Algunas sugerencias al respecto: a) Fomente la discusión sobre casos concretos de corrupción, discutir sobre el tema es la mejor manera de empezar a encontrar una solución; el silencio o ignorar el “elefante en la habitación” sería la acción contraria. b) Aprenda de las opiniones y reacciones del personal. c) No existen soluciones universales a los problemas, hay que situar los casos en su contexto específico y en las circunstancias particulares que lo rodean para encontrar la solución. d) No es la capacitación típica donde hay que “aprenderse” cosas, hay que pensar fuera de la caja y acercar diversas maneras de presentar las situaciones y buscar las soluciones. e) Mantenga la puerta abierta en caso de que algún empleado quiera platicar “en corto” sobre alguna situación, hay que expresar de manera explícita que cualquier tema al respecto será escuchado y atendido. ¡Obviamente expresarlo y hacerlo!

Ojalá y estas excusas detonen una discusión interesante en su empresa. Hay que empezar a hablar de este tema. Le urge al país.

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