APRENDER JUGANDO “Jugar involucra siete valores”

Por Patricia Montelongo

 

¿Qué te pareció, cómo te sentiste, estuviste contento?, le pregunta una mamá a su brain26_01pequeño que fue por primera vez a la primaria. El niño contesta: “Bien, lo que no me gusta es que se pierde mucho tiempo entre recreo y recreo”.

Una de las muchas paradojas de nuestra época es que quizá el niño de esa anécdota tenga tanta razón como para ver cómo se transforma la educación mundial, al menos de los primeros años.

Una teoría pedagógica que se abre camino a grandes pasos dice que se aprende mejor jugando. La educación tradicional es en buena parte pasiva: el educando debe escuchar, estudiar y trabajar para aprender lo que el maestro transmite; el juego implica un descanso tras el esfuerzo por adquirir conocimientos.

Sin embargo, ahora abundan las investigaciones que se apoyan en los aspectos psicológicos e insisten en que sólo se aprende realmente si los conocimientos se relacionan con el mundo de las emociones y si uno participa de alguna manera en ellos y el juego reúne esas cualidades.

Jugar es divertirse, conocer, descubrir, comunicar, crear, buscar y encontrar soluciones., a los problemas que surgen en el mismo juego. De allí que una fuerte corriente en el mundo invita a educar a través del juego en valores y en muchas capacidades que los niños necesitan afianzar antes de convertirse en adultos.

Ya hace algunos años escuché que en Canadá estaba en marcha una reforma educativa que implicaba que durante la primaria no se enseñaría a los niños conocimientos académicos específicos, esos años se dedicarían a aprender valores. Me pareció muy interesante, aunque pensé que no es sencillo para los maestros enseñar valores, tarea que desde siempre se nos ha dicho que corresponde a los padres de familia.

No volví sobre el tema hasta hace pocas semanas al conocer de cerca cómo trabaja la asociación mexicana no lucrativa “Educar para compartir”.

Mediante programas sencillos, pero muy bien fundamentados están logrando educar en valores a través de juegos, despertar en niños y niñas el interés por indagar, aprender y reflexionar sobre cómo cada uno puede trabajar para mejorar nuestra sociedad. Y, más aún, lo están logrando a través del sistema educativo formal, y con los profesores de cada plantel escolar. Han aplicado con éxito sus programas en escuelas públicas y privadas, urbanas, rurales, en campamentos y albergues escolares indígenas de seis países distintos.

Los colaboradores de Educar para compartir, van a las escuelas y una vez que obtienen permiso de la dirección, capacitan a los profesores de cada plantel en sus objetivos que implican que el juego es una herramienta clave para transformar la vida de niños y niñas, entre 6 y 15 años y formar mejores ciudadanos.

Parten de que el juego implica una profunda base de valores, al menos siete: juego limpio, tolerancia, respeto, igualdad de género, responsabilidad, empatía y trabajo en equipo. A través de los juegos hacen a niños y niñas muy conscientes de cómo se necesitan todos esos valores para que cualquier juego resulte atractivo y se diviertan todos, además de que son valores a la alza también en el mundo de los adultos, en cualquier ambiente o actividad.

Los juegos previstos para los programas que imparten, llevan además a que los pequeños tomen conciencia de los retos globales que existen y se familiaricen con los objetivos de desarrollo sostenible del milenio de la ONU que suscribieron todos los países miembros en 2015.

Eso los ayuda a verse como parte del mundo entero y de su problemática y a preguntarse qué le corresponde a cada uno, qué ocurre en su escuela, en su casa, en su comunidad, y guiados por sus maestros y los “facilitadores” (colaboradores de Educación para compartir), analizan su realidad y van sacando conclusiones sobre actitudes y cosas que se podrían mejorar.

Educación para compartir (antes Deport-es para compartir), nació en México hace diez años, la fundó Dina Buchbinder, quien ahora es Presidenta Internacional y la dirige Abraham Muñoz Barbosa. Hasta ahora han impactado a 284,375 niños y niñas; 11,551 educadores, 1,770 centros educativos y 471,873 familiares.

Desde el 2009 alcanzó reconocimiento nacional e internacional cuando la International Youth Foundation lo eligió entre los 20 mejores proyectos de emprendimiento social de todo el mundo y lo admitió en su red de agentes de cambio. Se presentó en el concurso Iniciativa México, convocado por las dos cadenas principales de televisión en México y, de 47 mil propuestas, quedó entre las 15 mejores.

En 2012, Ashoka (Institución global que impulsa el emprendimiento e innovación social, basada en la premisa de que todos somos agentes de cambio), le otorgó el primer lugar del premio Activating Empathy: Transforming Schools to Teach What Matters, por ser la organización que mejor estaba activando la empatía en el mundo.

Méritos y formas de comprobar su efectividad, no le faltan a esa asociación que ha podido trabajar al mismo tiempo, en escuelas privadas de la ciudad de México, como en albergues de niños rarámuri en la sierra de Chihuahua, y expandirse a otros países. Además, su forma de trabajar y sus objetivos se alinean de maravilla con los objetivos de la reforma educativa de México, lo que le ha sido muy útil para crecer más.

No es fácil explicar cómo trabajan en un artículo corto, pero su página web ofrece toda la información http://educacionparacompartir.org/ Vale la pena conocer cómo manejan los juegos y cuántos beneficios reciben los pequeños y adolescentes.

 

 

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