#fuerzaméxico

Por Agustín Llamas Mendoza. Profesor de Entorno Político y Social y Director del Centro de Investigación en Empresa y Sociedad del IPADE Business School

Tenemos que unirnos, para exigir que los partidos políticos no reciban ningún dinero para campañas. No queremos ver espectaculares, ni volantes ni promocionales en TV ni Radio. El dinero queremos que se utilice para México‼ Para Reconstrucción‼ Házlo viral pf.

Este es un mensaje que ha circulado por las redes desde hace días, lo cual me motiva a hacer los siguientes comentarios sin afán de polemizar, pero sí de intentar contribuir con el propósito del mismo mensaje. Me explico. IMG_20170919_170808

Ciertamente la cantidad de recursos que los partidos políticos reciben por la vía de financiamiento público (nuestros impuestos), es escandaloso en términos relativos, cuando existen necesidades apremiantes de muchos marginados, y hoy de muchos afectados por las recientes tragedias naturales, de ayer y de las últimas semanas en el país.

Muchos de los que opinamos y apoyamos el mensaje que menciono vivimos la tragedia del sismo de 1985 y lo vivimos observando la inoperancia de un gobierno, en un contexto de una gran crisis económica, y al mismo tiempo el gran compromiso y solidaridad de la sociedad mexicana.  Todo ello, me parece, empoderó a una ciudadanía en el sentido de que podía por sí misma cambiar muchas cosas, entre ellas movilizarse, participar y exigir mucho más a esa clase política que por omisión o por intención la seguía agraviando.

Obviamente, hoy las circunstancias son muy distintas a las de aquel México de hace 32 años, pero lo que sí podría ser igual en el ánimo social de hoy es el resentimiento por múltiples motivos que tenemos hacia los gobernantes y hacia la clase política en general.  Sin duda, resentimientos legítimos ante tanta corrupción, tanta ineficiencia, tanto desperdicio de recursos públicos que son sociales, tanto cinismo del poder político… tanta indiferencia de esos políticos hacia quienes sostenemos sus privilegios, pagamos impuestos y pagamos sus sueldos, pero que además somos rehenes de las circunstancias al no contar con mecanismos de rendición de cuentas para poder exigirles resultados. Ello, sin duda, va formando en el tiempo, un deseo acumulado en cada uno de nosotros de que esos individuos en algún momento paguen todo lo que nos deben desde nuestra perspectiva.

Esos momentos donde las tragedias naturales no tienen culpables evidentes pareciera que es el mejor momento para descargar toda esa ira justificada que tenemos los ciudadanos ante el agravio político acumulado.

Pero también valdría la pena detenerse y apuntar que esa ira que podría haber sido causada por un constructor corrupto, en colusión con la autoridad correspondiente, que no usó materiales reglamentarios o que no siguió las especificaciones estipuladas por la ley, contribuye acrecentando ese agravio.  Al final, el enojo se transfiere al sistema de justicia que no hace justicia y que para la mayoría es –y no distingue- “el gobierno”, y si es el gobierno entonces son “los políticos”.

Ante ese escenario de no encontrar al culpable específico, y ante la tragedia generalizada, encontramos, eso sí, al “enemigo perfecto” para canalizar esos agravios, injusticias, abusos de aquellos poderosos económicos y/o políticos que actuaron y actúan en la total impunidad, privatizando los beneficios y la ciudadanía socializando los costos, diría Noam Chomsky[1].

La “solicitud” de quitarles el dinero a los partidos políticos para que se los den a losportada afectados de los sismos o de las últimas tragedias naturales que estamos padeciendo, resulta un tanto irracional en la lógica del poder partidario.  Primero, porque esos recursos, por ley, ya están asignados y etiquetados para  las campañas de los partidos, y segundo porque quien podría emitir ley o corregir la vigente para obligar a los partidos a hacer algo como lo que se solicita, tendrían que ser los mismos políticos congresistas que pertenecen a los partidos políticos; con lo cual la probabilidad de que se dé una acción de tal naturaleza parece muy reducida.

Además, esa solicitud para el político-candidato demagogo es muy utilizable para su propio beneficio diciendo que “donará X” porcentaje de esos recursos y, ante la ausencia de transparencia, nunca sabremos a ciencia cierta si esos recursos llegaron a donde se prometieron y debieron haber llegado. No obstante lo anterior, ya INE y los partidos políticos se han manifestado en el sentido de sí tener la voluntad de “donar” (entre comillas porque el dinero no es de ellos, es nuestro, es social) en diferentes porcentajes a los damnificados.  Veremos si se materializan esas intencionalidades.

Lo anterior no quiere decir que no se deban tomar medidas por alguna vía institucional y urgentemente para corregir esos excesos que representa el financiamiento público a los partidos políticos.  De hecho, la ley impulsada por el diputado independiente Kumamoto, va en ese sentido y va sumando apoyos para que rija a nivel federal y a todos los partidos políticos.

Tenemos que recordar que los problemas que se evidencian en esta tragedia que estamos viviendo, son problemas-efecto.  Si hubiera funcionado el sistema de justicia en este país y hubiera menos impunidad sin duda hoy habría menos muertes que lamentar por causa de desastres naturales.

Evidentemente, a nadie se le puede imputar la culpa de un sismo, de una tromba o de un huracán.  Pero sí a muchos otros se les podría culpar por permitir ilegalmente la construcciones en lugares prohibidos, o por tolerar que no se cumplan las mínimas especificaciones de construcción, e igualmente a esos constructores por sobornar cínicamente no teniendo el menor pudor ético al simular construcciones sólidas.

Nos guste o no, uno de nuestros grandes problemas-causa es la impresionante corrupción-impunidad que vivimos a nivel social, económico y político.  ¿Queremos hacer algo importante y hacer de esta tragedia un parteaguas cívico-social?… No solo acusemos a los políticos –que tienen responsabilidad sin duda- sino pensemos también en nosotros y cómo hemos tolerado esta situación escondiéndonos y siendo cómplices de una realidad que sabemos que tarde o temprano nos cobrara nuestra indolencia y pasividad.

La única manera de que México sea fuerte es que seamos intolerantes ante la impunidad, jurídica o social. No le pidamos a la democracia aquello que no le hemos dado.

[1] Noam Chomsky es un lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense. Es profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

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