El candidato demagogo y los empresarios populistas

El demagogo es quien predica doctrinas que sabe que son falsas

a personas que sabe que son idiotas…

H.L. Mencken

 

 

Por Agustín Llamas Mendoza

@politicabierta

 

El populismo no tiene patria ni tiene límites. No es de izquierda o de derecha. El populismo es simple demagogia que utilizan pragmáticamente los autoritarios para buscar resultados inmediatos a costa de rendimientos futuros negativos permanentes.

Si un personaje como Donald Trump pudo llegar al poder en el sistema supuestamentetrmp “orgullo de la democracia occidental”, por qué extrañarnos de que individuos con perfiles psicológicos similares pudieran llegar a gobernar países como en Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Venezuela o posiblemente en Francia, Holanda o México.

Tenemos que recordar que las izquierdas se tocan con las derechas en un punto llamado autoritarismo. Pero la pregunta es ¿por qué estos candidatos, con sus obvias diferencias, últimamente se han vuelto atractivos para muchos electores? ¿Qué es lo que ha sucedido en diferentes partes del mundo para que opten esas ciudadanías por radicales populistas y autoritarios? Muchos analistas se lo atribuyen a que la democracia como sistema ha fracasado o ya se ha agotado y con lo cual el péndulo político (si eso existe) ha regresado a las formas y a las políticas cerradas para volver a poner un orden extraviado más en los derechos que en las responsabilidades sociales. Pero esto, sin dejar de ser verdad completamente, no lo explica integralmente.  Otros sostienen que las causas están más en el fracaso del modelo de libre mercado seguido por Occidente desde finales de los años ochenta, y que no ha dado los frutos económicos a una clase media agraviada con una injusta distribución del ingreso. Otros más se refieren a que la dilución de las identidades nacionales, sobre todo en los países desarrollados, ha causado una reacción en contra a la tolerancia a la migración y con ello se apuesta a gobiernos más autoritarios y cerrados con el afán de proteger esos nacionalismos.  La realidad es altamente compleja y seguramente una combinación de estas causas y otras nos han llevado a las actuales circunstancias, pero lo que sí llama la atención es la participación del sector económico en mayor o menor medida para apoyar esas iniciativas electorales.

AMLOstencil_copiaActualmente en México, un grupo de empresarios promueven al típico candidato populista latinoamericano bajo el pretexto de que “ha cambiado” y que “ha moderado” sus propuestas.  Y lo interesante no es que supuestamente haya cambiado (¿de qué a qué?), sino saber cuáles son los valores que ese candidato esgrime que empatan con los valores empresariales que personifican quienes hoy lo apoyan y que ayer no lo hacían.

¿Cuáles son los valores propios de un empresario? ¿Qué valores promueve ese empresario que es responsable y que considera a la empresa como una comunidad de personas que busca generar valor económico y social?  Empresario, empresario, empresario (tres veces), ese que se precia de serlo y no ser cualquier traficante de influencias, es una persona que promueve la libertad de todo tipo con responsabilidad; es aquél que busca la competitividad con eficiencia y no a costa de lo que sea o de quien sea; es un líder que considera a la empresa como un centro de crecimiento personal para sus trabajadores para contribuir a una mejor sociedad; es un ciudadano que considera que esos valores que hacen fuerte a su empresa son los valores que deberían prevalecer fuera de ella, en el entorno.  Por tanto, un empresario nunca debería apostar por el autoritarismo, ni por la corrupción, ni por el tráfico de influencias, ni por el no respeto a los derechos humanos.  Un empresario de verdad, naturalmente apoya a la democracia y al libre mercado, y nunca al autoritarismo, ni a la opacidad, ni al populismo.

En cualquier país desarrollado, los empresarios son fundamentales para el desarrollo económico, pero también lo son como contrapeso legítimo del poder político sí y solo sí se mantienen en la verticalidad del ser empresario.  De lo contrario no solo apostarían por prácticas públicas de probada ineficiencia social, sino que pondrían en riesgo hasta la misma creación de riqueza de la iniciativa privada nacional.

La tendencia internacional a cerrar los espacios de todo tipo, ensanchados por el proceso de globalización desde hace treinta años, parece ser el mejor escenario posible para que el arribismo del autoritarismo populista aterrice en el 2018 en nuestro país.  El mesiánico nacional se sostiene, como todo autoritario, por el enemigo anterior (el innombrable), el enemigo interior (el “prian” o “la mafia del poder”) y por el enemigo exterior (hoy convenientemente llamado Trump).

A todo lo anterior habría que agregar que la única manera de contener los apetitos de candidatos y/o gobernantes con ese perfil es con la fortaleza de las instituciones y, desgraciadamente, hoy las nuestras son muy débiles.  Si los empresarios, si esos empresarios que hoy apoyan esa opción tuvieran conciencia de bien común y no sólo pragmatismo individualista, verían que lo peor que le pudiera pasar a México sería la llegada al poder de las recetas económicas rescatadas del basurero de la historia nacional.

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