LA NUEVA “DEMOCRACIA” HILOS QUE TEJEN EL FUTURO MUNDIAL

Patricia Montelongo

A los muchos cambios que vivimos actualmente, podemos añadir uno más, una revolución política en donde la democracia representativa cede el paso a una nueva forma de gobierno, la democracia participativa.

Esto significa que se va restando autoridad legítima a gobiernos, representantes políticos (diputados y senadores) y a todo tipo de autoridad, incluyendo la de los padres con respecto a sus hijos, y se rechaza la forma tradicional en que se toman las decisiones porque se impugna cualquier «imposición desde arriba».

Según esta nueva forma «participativa» de entender la democracia, que ya se estudia en muchas facultades de Ciencias Políticas, las decisiones deben venir «desde abajo», de la sociedad toda. Pero como eso, en la realidad, es imposible, lo que ocurre es que se va restando autoridad legítima a los gobiernos para entregarla a grupos de interés que no sólo carecen de legitimidad, sino que por lo general, son radicales.

Esta forma de actuar se ha dado ya en muchas ocasiones en nuestro país, basta ver por ejemplo, cómo actúa la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, para quien no tiene ninguna validez lo que digan los gobiernos federal, estatal o municipal, ni la Secretaría de Educación, ni la reforma que aprobó el Congreso de la Unión, ni la Constitución o lo que exprese la mayoría de los ciudadanos. Toda, la razón está de un sólo lado, el que expresen los manifestantes, que todos sabemos, están manejados por grupos con intereses diversos, pero desde luego, no educativos.

El propio Congreso de la Unión, cada día cede más y más ante grupos de poder, partidos o presiones de grupos sociales con diversos intereses y vemos que las leyes que progresan no son las que realmente necesita la sociedad sino las que ganan la batalla en el lobbying de influencias.

EL SECUESTRO DEL CONSENSO MUNDIAL

Tras la caída del muro de Berlín, en 1989 y el fin de la guerra fría, se empezó a difundir, a través de medios de comunicación y redes sociales, una nueva forma de entender la vida, la sociedad y la ética e incluso, la forma de gobernar. Todo ello, de la mano de incuestionables derechos humanos.

La periodista neoyorkina Marguerite A. Peeters, especializada en organizaciones internacionales aborda este asunto, en un libro titulado Marion-ética. Los expertos de la ONU imponen su ley (Rialp, 2011).

Para dar respuesta a los nuevos retos que afronta la humanidad, como los grupos económicos internacionales que cada día adquieren más poder, el fin de muchas fronteras y los alcances de la tecnología, salieron a la palestra ONG medioambientalistas, feministas, pacifistas, a favor de los derechos humanos… Estos grupos se presentan como los «expertos» que conocen la clave de cómo debe reaccionar el mundo ante los cambios.

La ONU, que deseaba posicionarse como la única institución capaz de dar un rostro humano, ético y duradero a la globalización y como contrapeso al poder económico y del mercado, pretendió el monopolio de la ética y encomendó la tarea a los expertos.

Esos expertos, que buscaban soluciones mundiales, decidieron que se requerían valores mundiales nuevos. Como la revolución cultural de Occidente había desautorizado muchos valores tradicionales, se aceptó tácitamente, que la nueva ética debía construirse partiendo de cero, como si la naturaleza y la ley no existieran, mediante un proceso de consenso y no en confrontaciones hostiles de opiniones.

 

TRES PREMISAS DISCUTIBLES

«La lógica de este razonamiento se basa en tres premisas falsas o discutibles: el mito de la neutralidad de la ciencia y la fe ciega en la labor de los expertos. Pronto se demostró que los «expertos» estaban al servicio de programas ideológicos.

»La absolutización de los valores de libertad (radical) y democracia a la que se le confiere una enorme legitimidad moral (aunque no esté claro que convenga a todo el mundo o en cualquier época). Se basa también en el mito del «consenso mundial», algo ambivalente, porque sin un contenido claro es imposible que nadie se pueda comprometer en serio.

»Una minoría de ideólogos de tendencia postmoderna se adueñó de la maquinaria de la ONU y empezó a ejercer presión sobre los gobiernos. Se designó a sí misma como “movimiento de la sociedad civil”, pero en la práctica, la familia, la iglesia y la escuela estuvieron excluidas de esa sociedad civil. Lo que empezó como prácticas informales se convirtió en principios normativos y las minorías no estatales se erigieron como ingenieros sociales, agentes operativos de la nueva ética».

El nuevo consenso consiste en un conjunto de nuevos paradigmas que se expresan a través de un nuevo lenguaje que refleja el paso a la posmodernidad. La carga ideológica de esos paradigmas son: la deconstrucción de la realidad, el rechazo de lo dado, la celebración de la diversidad, la libertad de elegir, el holismo y la ambivalencia.

Esos conceptos, expresados con palabras novedosas, mezclan ideas muy positivas con otras confusas o que representan un modo único de entender la vida que en ocasiones choca de frente con muchas sociedades. De una u otra forma, buscan sentar las bases para moldear una nueva sociedad.  He aquí algunos ejemplos que ofrece Peeters.

lista

Margueritte A. Peeters

patt

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: