COMPARTO, LUEGO EXISTO ¿Usuarios o adictos?

PARADOJAS Y ALGO MÁS

PATRICIA MONTELONGO

La sociedad analizaba apenas los efectos del uso excesivo de la computadora en la salud física y psicológica, cuando llegó la invasión de las redes sociales, tan maravillosas y poderosas, como riesgosas.

redsEstá comprobado que fácilmente generan una adicción conductual, en cualquier persona y a cualquier edad, aunque hay grupos más vulnerables, como los adolescentes. No se trata de una sustancia física como el alcohol, la nicotina u otras drogas, pero sus efectos son similares: impulsividad incontrolable, irritabilidad, síndrome de abstinencia, tolerancia y alteración de la realidad.

Requieren poco esfuerzo y provocan satisfacción inmediata. «Las conexiones sociales nos dan la sensación de estar en compañía sin las exigencias de la amistad», dice Sherry Turkle, psicóloga clínica y socióloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en su libro Reclaiming Conversation: The Power of Talk in a Digital Age. También es una forma de evitar quedarse a solas con uno mismo, tememos la soledad, de allí la necesidad compulsiva de compartir: «Comparto, luego existo», es la nueva regla de oro de las relaciones en la era digital.

Explica que los dispositivos móviles nos hacen promesas como las del genio de la lámpara: «nunca estarás solo, tu voz siempre será escuchada y puedes poner tu atención donde quieras». La paradoja es que por este empeño de estar siempre conectados, cuando estamos acompañados, cada vez nos prestamos menos atención unos a otros, por atender los continuos reclamos del smartphone.

Por otro lado, una «buena presencia» en las redes, puede lograr que el anhelo universal de ser querido y apreciado nos proporcione gratificantes resultados; respuestas e intercambios que proceden de otros perfiles digitales, pero que no siempre concuerdan con las personas que hay detrás y esa popularidad o relevancia social, no corresponde en la realidad con la verdadera amistad.

SEDUCTORAS Y CONTROLADORAS

Sin duda las redes sociales ofrecen mucho, por ello son tan seductoras, su magnetismo y las posibilidades que ofrecen crecen día a día: nos hacen visibles ante los demás, reafirman la identidad ante el grupo, permiten la interrelación inmediata y gratuita con los amigos, compartimos toda clase de emociones: tristeza, dolor, felicidad, alegría, buen humor, admiración, todo con mensajes, fotos y videos.

Conocemos de sobra sus ventajas, por eso conviene no desestimar las desventajas para poner remedio antes de que causen estragos.

En personas vulnerables existe el riesgo de crearse una identidad ficticia, potenciada por un factor de engaño, autoengaño o fantasía. A su vez, ese estar siempre conectado puede favorecer conductas narcisistas, vulnerar la intimidad o dar pie a malentendidos porque no podemos ver las reacciones del rostro ni mirar a los ojos a nuestros interlocutores.

Los mensajes instantáneos, especialmente el whatsapp, pueden facilitar conductas controladoras, porque deja una huella fácil de seguir: se sabe si una persona está en línea y a qué hora se conectó por última vez, cuántas horas o cuántos días hace que María o Pedro no responden.

tels

ZOMBIES TECNOLÓGICOS

Tras un estudio realizado con adolescentes, la Agencia Informativa de la Universidad de Monterrey (UDEM), reveló que en promedio dedican cinco horas y media cada día a estar conectados a la red y que tres de cada 10 admiten ser dependientes de ella.

Muchos de esos chicos caminan con la cabeza agachada, hablan con voz casi imperceptible y sus relaciones interpersonales son pocas. El mundo virtual devora sus días y horas, son auténticos «zombis tecnológicos» que viven fragmentados entre actualizar su espacio en Facebook, participar en la última tendencia de Twitter, responder a los mensajes instantáneos de WhatsApp y colocar o retocar sus fotos para Instagram.

Como todos somos propensos a estas adicciones, más vale establecer para nosotros y, si es el caso, para la familia o la empresa una dieta saludable, algunos límites, ciertas horas o ciertos lugares libres del magnetismo digital.

Para los jovencitos hay campamentos donde aprenden a vivir, a divertirse y hacer amigos sin internet. Los mayores podemos establecer nuestra dieta solos: durante los ratos de la comida, o al llegar a casa, mientras nos enteramos cómo fue el día de los demás, en la oficina a la hora de las juntas de trabajo o cuando estamos decidiendo asuntos importantes. Convencernos de que no somos multitask, si miramos los mensajes, nuestra atención se divide y no estamos al cien por ciento en lo que debemos o en lo que se supone que nos interesa más.

Evitar que revisar las redes sea lo primero que hacemos en la mañana y lo último antes de dormir. Conozco a una madre de niños pequeños que se percató de que estaba obsesionada con el Facebook y hace unas semanas, se armó de valor y cerró su página. También nos sugieren retomar hobbies arrumbados, buscar el contacto cara a cara y cultivar la capacidad de reflexionar en soledad.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: