¿La inteligencia artificial puede tomar decisiones éticas?

Por Marco Iván Escotto Arroyo

Aprovechando el tema de esta edición -y la posible aprobación de la cannabis para uso lúdico-ai hemos decidido comenzar los artículos sobre ética empresarial haciendo una reflexión sobre la posibilidad de que los avances en inteligencia artificial permitan que ésta tome decisiones éticas.

No pretendo con esta reflexión agotar el tema, sino más bien presentar algunas ideas que inviten a la reflexión y detonen una discusión para adelante. Para ello, lo primero que debemos contestar es, ¿en qué consiste una decisión ética?

Una decisión ética es la que opta por el mejor desarrollo como persona de quien toma esa decisión y de los que están alrededor de él, es decir, la ética es un saber de máximos no de mínimos, las decisiones éticas siempre optan por el bien el mayor (y en algunos casos por el mal menor).

Como toda reflexión filosófica, antes de aclararse las cosas se empiezan a complicar, ¿qué es el mejor desarrollo de una persona? ¿Todos tienen el mismo desarrollo o este desarrollo es subjetivo? ¿Qué significa el bien mayor o el mal menor? ¿Quién determina lo que es bueno o malo para una persona? Es más, ¿qué es el bien?

Y aquí es donde el autor del artículo dice, “Uffff, ¿en qué me metí?”. Para tratar de acotar la reflexión, y aprovechando el perfil de esta revista, centraremos el artículo en ética empresarial. Después de más de diez años estudiando este tema, si ustedes me preguntan: “Dime cómo se aterriza la ética empresarial, no teóricamente, sino concretamente”, yo contestaría: “La ética empresarial se puede concretar atendiendo dos variables, la primera es, el desarrollo de criterios éticos para la toma de decisiones. La segunda es, el desarrollo de hábitos (específicamente virtudes) que construyan una cultura ética en la empresa”.

Quien esté interesado en desarrollar una cultura ética en su empresa debe facilitar a sus colaboradores criterios éticos que les permitan tomar en cuenta variables para poder tomar decisiones. Es decir, cuando se toma una decisión (no importando el departamento o área que se tome, ni el nivel directivo u operativo), el que tome la decisión debe tener en su chip (ojo, guiño a la inteligencia artificial) tanto el criterio de la eficacia (logro de objetivos) como el de la ética (bien mayor o mal menor). Cuando sólo se toma en cuenta la eficacia dejando de lado la ética se sacrifica la sustentabilidad de la empresa, sobre este tema hablaremos en nuestro siguiente artículo.

Por otro lado, una cultura ética debe permitir el desarrollo de una serie de hábitos que “faciliten” la toma de decisiones dentro de la empresa. La forma como se desarrolla un hábito es por medio de la repetición de actos, cuando estos actos inciden en el mejor desarrollo de la persona se les llama virtudes, cuando estos actos impiden ese desarrollo y atrofian la toma de decisiones se llaman vicios.

Una empresa es y refleja, las virtudes y vicios de la alta dirección. Usualmente las virtudes y vicios se adquieren en nuestro primer círculo social, la familia; y se adquieren por imitación de quien consideramos autoridad, es decir, papá y mamá. De manera similar los vicios y virtudes en una empresa se adquieren por imitación de quien se considera la autoridad, en este caso la alta dirección.

Estas dos variables, criterios éticos en la toma de decisiones y hábitos, son los dos pilares sobre los que se sustenta el desarrollo de una cultura ética en la empresa. Si esto es así, es claro que la inteligencia artificial puede “imitar” o “tomar en cuenta” los criterios éticos en su toma de decisiones y por otro lado, no es necesario “desarrollar” hábitos, simplemente se les programa de tal manera que los hábitos que queramos ya estén desarrollados. Por lo tanto, la inteligencia artificial sí puede tomar decisiones éticas.

Hasta aquí y siguiendo la lógica, suena totalmente plausible nuestra conclusión. Sin embargo, el punto fino está en el término “bien mayor”. Decía San Agustín en la Ciudad de Dios, que para que una ciudad se desarrolle a plenitud hacen falta dos virtudes: la justicia (perfectamente programable en la inteligencia artificial) y la caridad.

Cuando alguien roba o comete alguna violación a la ley, la inteligencia artificial podrá tomar una decisión clara sobre cuál es la consecuencia de ese acto, la infracción que se merece, e incluso, si somos más sofisticados, cuáles atenuantes o agravantes existen en su circunstancia de vida. Sin embargo, la capacidad de “percibir” si el perdón puede generar un mayor bien que el castigo, entra dentro de la categoría a la que San Agustín llama “caridad”. Es aquí donde tengo dudas de si la inteligencia artificial podrá imitar algo tan humano como la caridad. ¿Ustedes qué piensan?

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