De narco a honorable empresario

CÓMO REACCIONARÍA EL MERCADO SI SE LIBERARA LA MARIHUANA

De narco a honorable empresario

 Artículo de Patricia Montelongo

Imaginemos un México donde el consumo, y por lo tanto la producción, compra y venta de marihuana es también libre. Porque, obviamente, si lo es el consumo, es iluso pensar que cada persona sembrará sus macetitas para su exclusivo uso personal. La marihuana será un producto más del mercado masivo.

Independientemente de los aspectos sociales, políticos, de seguridad y de salud individual y pública, aquí quiero referirme exclusivamente a algunos de los cambios que generaría liberar el consumo de marihuana.

El día que el Diario Oficial promulgue una ley que legalice la marihuana, los productores formarán una industria, los traficantes se transformarán en respetables comercializadores y todos se regirán por las leyes de la oferta y la demanda. Pagarán sus impuestos, ya no muy jugosos, porque al dejar de ser un producto prohibido, los precios se vendrán abajo, aunque nadie evitará que surjan, como en todos los rubros también los tramposos y los evasores.

Esa nueva industria buscará formas de innovar continuamente y ampliar su cartera de productos; surgirán, como ocurre en Estados Unidos en los estados donde se ha legalizado la marihuana con fines recreativos, encantadoras boutiques donde la venden en muy diversas presentaciones: bolsitas de colores con diferentes orígenes y calidades, caramelos y galletas u otras golosinas horneadas con marihuana.

Los comerciantes prepararán sus estrategias de marketing para incrementar su participación de mercado y surgirán los monopolios, las multinacionales y el lobbing para convencer a los legisladores de la conveniencia de disminuir los impuestos (¿se le aplicará un impuesto de lujo u otro similar al de los alimentos chatarra?) y muy probablemente se haga presión también para liberar otras drogas.

Se reducirá poco a poco el desprestigio que generan estas actividades y los negocios más rentables aparecerán en la lista de las «500 empresas de Expansión»  y los millonarios en las de Forbes (aunque ello no será novedad).

Los creativos de publicidad encontrarán las mejores fórmulas para enaltecer a la industria y convencer al público que consumir marihuana genera estatus, incrementa la imaginación, la creatividad y te ayuda a ser “el hombre o la mujer de hoy”. Se encontrarán muchos eufemismos para que los “adictos” no sufran discriminación ni bullying.

El fisco obtendrá ciertamente mayores ingresos, al incrementar el número de contribuyentes, pero lo más probable es que se incremente también el gasto público porque tendrá que idear campañas de prevención, establecer centros de rehabilitación e investigar cómo prevenir o contrarrestar las adicciones. El gobierno deberá luchar también contra los productos falsificados o distorsionados y con la venta a menores de edad.

Muchos negocios ahora clandestinos pasarán a ser legales y la economía sufrirá múltiples cambios al acabarse las “mordidas” a las autoridades, extorsiones a funcionarios, gatilleros y lugartenientes, espías y prestanombres para los manejos financieros.

Se reducirá, sin duda, el problema de inseguridad, pero no mayormente, porque la prohibición se mantiene para las otras drogas y los cada vez más numerosos delitos relacionados con el tráfico ilegal de productos prohibidos. Las mafias se reacomodarán a nuevos delitos.

Los comerciantes de marihuana jugarán, eso sí, con una lógica diferente a la usual en el comportamiento de los mercados, y es que las drogas generan placer y dependencia. La adicción genera una búsqueda compulsiva, por lo que se puede hablar de consumidores “cautivos” en el sentido literal de la palabra. La relación entre productores y consumidores no es igual al comercio de otros productos ya que el adicto “necesita la droga” de una manera acuciante y ello lo pone en desventaja con el oferente, además de que el organismo se adapta a la droga y va requiriendo dosis cada vez más altas para lograr los mismos efectos.

Y aunque los productores y comerciantes de la industria de la marihuana pasarían a ser, como dijimos, ciudadanos honorables, los consumidores no dejarían de ser drogadictos, de seguir poniendo en peligro su cerebro y su vida misma y de afectar a sus familiares y a los círculos sociales en que se mueven.

Entonces, ¿será mejor no liberarla? No lo sé, porque tampoco es normal que en Estados Unidos, el mayor consumidor sea de libre uso y México ponga los muertos para facilitar que llegue.

 

Imaìgen De Narco

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